Más rigurosamente, diré veinte años, alineándome así con la motivación principal de ese re-encuentro: recordar a Kiko Ragliantti, nuestro amigo entrañable de cuya muerte muy prematura se cumplieron entonces dos décadas.
No tuve posibilidad de verle en sus últimos tiempos ni de asistir a su funeral pues estaba fuera de Chile y estando muy lejos me enteré de su muerte.
Hace algunas semanas, Carlos Ruminot, gestor de estos reencuentros, gestor del grupomusicos y de otras tantas iniciativas de esas que vienen "de adentro", nos informó que serían exhumados y luego cremados los restos de Kiko, en una ceremonia familiar y de amigos cercanos. Como hoy, me encontraba esta vez en Chiloé, en mi rinconcito en el mundo, por lo que tampoco tuve la posibilidad de hacerme presente.
No quise dejar pasar ahora la posibilidad de saludar su memoria así es que traigo aquí para todos los grupomusicantes un trozo del concierto del 14 de junio, fecha que se llenó de simbolismo, entre miradas, abrazos, lágrimas.
Les dejo el "Testimonio" y el "Nudo" que leyó esa noche Laura Mónica Iglesias, quien fuera su compañera en nuestros tiempos de escuela. Creo que en los próximos días tendremos algunas fotos de esa noche y quizá algo del audio, para compartirlos desde aquí.
Víctor Contreras
Palqui, Chiloé
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TESTIMONIO
Para ver que todo se ha ido,
para ver los huecos y los vestidos,
¡dame tu guante de luna,
tu otro guante perdido en la hierba,
amor mío! ... (F.G. Lorca)
Nosotras bordábamos tapices, tejíamos chalecos con monitos y éramos apodadas las
abuelitas milagro, por alguno de nuestros compañeros; calzábamos zapatos con suela
de neumático, con los que entrábamos y salíamos cada día por el hall de las artes musicales,
deseando ser envueltas por el velo azul de la reina Mab.
Fue ahí en donde nos conocimos y desde entonces nuestro diálogo de cariño, de rumores,
de silencio y grito, avanzaría a través de los años con el cauce del Río Mapocho.
Nuestros primeros espacios de refugio, fueron los paraderos de las micros que nunca
tomábamos, pues los temas caían del cielo a nuestro pensamiento y las conversaciones
se nos hacían más y más interesantes cada vez.
Pisamos interminables las calles de Providencia y los senderos de la Costanera; y en cada
palabra o en cada inflexión, continuábase bordando y tejiendo la historia que ahora cuento...
Dejamos de ser estudiantes para convertirnos en Profesores. Cuando advertimos que en
todos esos años, nuestro nudo se acomodaba en el tiempo con sus diferentes tensiones
y descanso, sin soltarse ni deshacerse nunca, entonces lo atamos nosotros. Y nos casamos.
Mi madre, muy religiosa, se encargó que mi tío cura bendijera las argollas... y ese día era
un 17 de Diciembre de 1981.
Fijamos nuestra residencia en la calle Domínica, en las faldas del Cerro San Cristóbal.
La ventana tenía cortinas amarillas y a veces oíamos al león del cerro. Otras mañanas
subíamos para leer "La Divina Comedia", que, entonces, era uno de sus libros selectos.
Supe de su alegría al disponer el sartén para preparar la salsa de pimentones ahumados...
supe vestir el delantal de cocina para hacer el postre de plátano.
Algunos Jueves, almorzábamos en el Venezia.
Lo vi encorvarse como un gato, frente a los parlantes de la radio-cassettera, por oír y
reconocer el desarrollo de las voces.
Íbamos a pasear a Pomaire y también a Cartagena...
Nuestra segunda residencia fue en la Villa Los Presidentes, y las ventanas tuvieron
cortinas rojas; cantábamos en "El Huerto"; comprábamos en el Mercado esteras
con las que alfombrábamos el living; yo hacía móviles que colgaba en diferentes
lugares de la casa; íbamos a la feria y al supermercado, actividad que él disfrutaba
entonces, más que yo...
Sin embargo, le pedíamos más a la vida de lo que entonces podía darnos.
Había más y no sabíamos en dónde encontrarlo.
¿Cómo proyectar los sueños que anidaban en cada uno?
Medité en parques, miré unos ancianos, contemplé la fuente del Forestal,
por buscar en el agua la fuerza de una opción.
Entonces, como dos amigos, nos regresamos cada uno al hogar de origen...
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NUDO
Ese cordel de cáñamo
que está allá arriba en el cielo,
para sujetarse traspasó las nubes
y su vaivén es eterno.
Quisiera ser infinito;
mas para no caer,
debió atar a algún tronco
sus extremos inconclusos.
Nosotros no alcanzamos;
el cordel se unió con la nada
y una dimensión extraña
estrechó nuestra mirada.
Entonces cerraste tus ojos
y en tu relación abstracta,
desde tu mente inexacta,
hubo de ser el sueño
quien despejó las nubes.
Ya se acabó la noche
y el recuerdo sólo alcanza
para una mujer y un hombre
con un nudo
que los une o los separa.con un nudo
Laura Mónica Iglesias
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