sábado, 6 de diciembre de 2008

ALGUNAS PRECISIONES SOBRE LA MÚSICA FLAMENCO ANDALUZA, por Carlos Ledermann

Artículo aportado por Carlos Ledermann, grupomusicante
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Aunque la historia del arte flamenco andaluz es relativamente corta, toda vez que sus primeras manifestaciones se registran en el último tercio del s. XVIII, y por lo tanto está lejos de ser un “arte milenario” como muchas personas creen, no voy a revisarla aquí puesto que no se trata de responder algunas preguntas que ustedes me han formulado, verbalmente y por escrito, con criterio historicista sino más bien informativo, cuando no, aclaratorio.
De por qué se le denomina “flamenco”, teniendo en cuenta que esa palabra alude al Condado de Flandes, creado en el año 892, y cuyo centro es Bélgica, diré que existen varias teorías, algunas de las cuales se han descartado incluso por irrisorias, dejando como válidas sólo a dos, hasta donde lo permite una historia confusa, muchos de cuyos principales aspectos, como dice el flamencólogo Félix Grande, “se han perdido en algún pliegue del tiempo”.
Una de tales teorías, propone que esta palabra se aplica al canto (cante), porque en plena represión al pueblo gitano en Andalucía, en el s. XV, una de las maneras de “recordarle” a la gitanería quién tenía el poder, era “pasar a flamenco” al jefe de familia delante de su mujer y sus hijos. Este “flamenco” no era sino una especie de sable corto.
Otra, dice que se habría aplicado esta denominación a esta manera de cantar a partir del hecho de que el cante solía darse alrededor de una hoguera por las noches. Románticamente, se trató de relacionar al vocablo latín flama (fuego) con esta situación y entonces “flamenco” habría venido a significar algo así como fogoso. Fue descartada obviamente, porque en Andalucía nadie hablaba latín y recurrir a él para describir el fenómeno musical en cuestión habría sido una siutiquería.
Una tercera, acaso la más cómica y aún así considerada como sólida por algunos, relacionaba la estampa del bailarín (bailaor), con la de aquella ave zancuda también llamada flamenco, que abunda en diversas partes del mundo, Chile incluido.
Descartadas las anteriores por la flamencología posterior a la década de los ’50, sólo quedaron dos : la primera, tiene que ver con un vocablo compuesto de origen árabe que es felag mengu que significaría “campesino errante” y que se acerca con claridad absoluta a la condición del gitano de Andalucía desde el final del s. XVIII en adelante: era campesino, porque trabajaba como temporero o definitivamente establecido en la tierra de su “protector”, que en realidad era su dueño, y era “errante” porque su condición nómade lo supone por origen. Se entiende que al ser estas palabras pronunciadas por el pueblo, de “felag mengu” a “flamenco” el paso es muy corto. El único obstáculo para aceptar esta teoría de manera oficial, radicó en el hecho de que consultados especialistas en lenguas árabes y también en lenguas muertas, se encontró que si bien efectivamente la palabra felag existe y significa campesino, el término mengu no lo conocía nadie. Ante esta situación se ha tendido a pensar que este término posiblemente perteneciera a algún dialecto local hablado en la parte baja de la península por los llamados moros.
La otra teoría, hoy tenida como la más sólida, dice que el término flamenco empezó a aplicarse por extensión a los gitanos andaluces que cantaban, a partir del hecho de que a Carlos V le gustaba pasearse por los rincones de su imperio acompañado de un coro de cantores flamencos, pero flamencos de Flandes, que al emperador le gustaban mucho. Según parece, estos cantores eran muy arrogantes y orgullosos, condiciones que se han atribuido históricamente a los gitanos ya no sólo de Andalucía.
Lo concreto es que esto no se llamó flamenco hasta 1860, cuando alguien, cuya identidad y motivos la historia no registró, empezó a llamarle así. Y lo cierto es que no tenemos datos precisos y mucho menos fechados, porque la historia siempre la han escrito los vencedores y los andaluces; gitanos o no, nunca han tenido esa condición. Hasta ese año, sólo se hablaba de “cantos andaluces”, “cantos de campesinos”, “cantos del trabajo”, pero no de cante flamenco, como hoy se le conoce.
Terminaré esta parte aclarando que el flamenco no es un producto químicamente puro ya que se genera a partir de la fusión de cinco elementos en primera instancia: el equipaje cultural que los gitanos traían desde su salida de la India en el s X o XI y su viaje hasta Grecia, donde un grupo decide entrar a España; elementos del canto de los árabes, cuya presencia de ocho siglos no pasa desapercibida; elementos ornamentales de los cantos sinagogales judíos, que convivieron pacíficamente con los árabes en esos siglos; los elementos del folclore andaluz (el flamenco no es folclore) con los que, gitanos, árabes y judíos convivieron en las afueras de los pueblos andaluces cuando los árabes eran expulsados por los reyes católicos y algunos elementos de la música bizantina, adoptada por la iglesia católica para sus oficios.

El flamenco, entonces, como expresión artística, tiene tres puntos de apoyo fundamentales a saber : el cante, que fue la primera manifestación en aparecer, la guitarra y el baile. De estos tres, evidentemente el más popular a nivel mundial es el baile. El segundo en popularidad mundial es la guitarra. Dentro de España, el más popular, estudiado y reseñado, es el cante, pero deja de ser así, un centímetro fuera de sus fronteras.
En el aspecto netamente musical, el flamenco es una reunión de formas musicales con identidad propia y definida, del mismo modo que sólo en Chiloé podemos encontrar varias formas, la sirilla, la trastasera, la pericona, la resbalosa, etc.
Estas formas musicales, que los flamencos denominamos “estilos” y ya cuando hablamos entre nosotros “palos”, se originan en las diversas provincias andaluzas y en ellas podemos encontrar en perfecta simbiosis, formas tonales y formas modales, aunque se entiende que las formas modales son las que caracterizan a los estilos más ancestrales, serios y profundos, esto es el llamado “cante jondo” que no es otra cosa que cante hondo.
Los estilos tonales, mayores y menores, tienen o suelen tener elementos folclóricos en su construcción. Los estilos modales, están basados única y exclusivamente en el modo Dorio griego, en particular en el segundo tetracordo de dicho modo, o sea las notas LA, SOL, FA y MI y en los acordes construidos sobre esas notas, se basa la llamada “cadencia andaluza” que transforma en mayor el acorde de MI, asumido como tónica. Aclaro que se trata del modo Dorio griego, que va de MI a Mi en forma descendente, como todos los modos griegos, a diferencia del modo Dorio eclesiástico, que va de RE a RE en forma ascendente. Esta escala es transportada a otras notas iniciales según el estilo y la región de que procede o incluso según aportaciones personales.
También aclaro que no es efectivo que, para efectos de la música flamenca, sean analogables el modo Dorio griego con el eclesiástico Frigio, que también va de MI a Mi, pero en forma ascendente, condición que de por sí lo transforma en incompatible con nuestra música.

Respondiendo entonces la consulta que hace mi amigo Carlos Ruminot, diré que la complejidad rítmica de los principales estilos flamencos es lo que impide al melómano occidental seguirlos y entenderlos y, de paso, lo que ha impedido que el flamenco disfrute en el mundo de mayor popularidad de la que ya ha alcanzado. ¿Por qué? Porque si ponemos como ejemplo el jazz, veremos que en general está en 4/4 y también la mayor parte de la música comercial de occidente. De hecho, también la mayor parte de la música que escuchamos desde niños está en 2, 3 ó 4/4 y por lo tanto al enfrentarnos a un fenómeno musical cuya cifra no sea una de ésas, quedamos inmediatamente desconcertados.
La fórmula rítmica más habitual en el flamenco es un compás de 12/4 con acentos en los tiempos 3, 6, 8, 10 y 12. Escrito, esto supone una alternancia de 3 contra 2, que obviamente no está en nuestros códigos rítmicos habituales; no conocemos esas amalgamas porque no forman parte de lo que hemos aprendido y escuchado desde niños en Occidente y por eso no se entiende, porque no podemos “llevar el compás con la patita”. Yendo a un plano más especializado, diré que para escribir este período rítmico de modo que lo entienda un músico no iniciado en las cosas del flamenco, lo más adecuado es escribir una alternancia de compases estructurada de la siguiente manera:

3/4 - 3/4 - 4/4 – 2/4, empezando el primer compás con un silencio en el primer tiempo.

Pero la música flamenca tiene otra sorpresa para el músico occidental: existen estilos libres, es decir, sin compás, cuyo manejo es sólo cosa de los muy iniciados. Si la alternancia de compases antes mencionada ya aleja al flamenco de nuestros parámetros, imagínense ustedes lo que sucede cuando abordamos uno de estos estilos que al no tener como núcleo central una célula rítmica, deja fuera de combate a la inmensa mayoría de los oyentes. En esos estilos, lo fundamental no es el ritmo, pues no lo hay, sino patrones de otro tipo, como la armonía, una estructura determinada y una intención estética concreta.

Así, entre la complejidad de algunos ritmos y la existencia de estilos que no lo tienen, han actuado como elementos básicos para que muchísima gente crea que el flamenco es algo puramente improvisado y mucha otra lo haya catalogado de poco serio, vulgar, primitivo, dudoso, y peor aún, algo que he tenido que escuchar demasiadas veces, una “música sin valor, porque no se puede escribir…”
Que no se pueda escribir, es hoy absolutamente falso: se escribe perfecta y claramente, sólo que hay que conocer esta música para poder escribirla bien. Por lo demás, esta postura delata una miopía intelectual deslumbrante, porque yo pregunto ¿quién, dónde, cuándo y a qué hora dijo que la única manera de validar una música sea la escritura? ¡por favor!
Entonces, vaya paradoja, al músico “académico” le parece que esto no tiene valor, porque según él, no se puede escribir, pero se queda muy calladito cuando, escrita la música, él no es capaz de leerla porque los compases alternados se los enseñaron muy de pasadita y nunca los practicó mucho, porque la música que él ha tocado siempre está en 2, en 3, en 4 y esto, amigos, lo he visto no una sino muchas veces con mis propios ojos.

Porque aún si la música flamenca fuera improvisada, vamos a ver: para improvisar con acierto, es preciso tener un dominio técnico del instrumento que está mucho más allá del que hay que tener para leer partituras. Por lo tanto, quien improvisa bien me parece mucho mejor músico y largamente más completo que el que no lo puede hacer. Eso por una parte. Por otra, es realmente muy poco probable que si sólo de improvisar se tratara, fuera posible otorgar el carácter de “pieza”, cuando no de “obra” a una música, proporcionarle una estructura, una forma, una estética concreta. Por lo tanto, la respuesta es categóricamente NO, cuando se trata de una pieza de concierto hecha por un profesional. Puede improvisarse, apenas un poco, en la juerga, en la espontánea, pero es muy poco pues con tamaña complejidad rítmica, a ver quién es el valiente que improvisa y no se equivoca destruyendo de paso un andamiaje tan delicado, que una simple semi corchea fuera de lugar puede derrumbar el edificio completo y al decir esto, no estoy exagerando nada: esa es la verdad de flamenco y por eso es que muchos músicos ajenos por formación a él, han querido entrar, pero son muy escasos los que lo han conseguido.
Agregaré, para cerrar esta parte, que en mundo del flamenco es muy mal mirado aquél que sólo toca cosas compuestas por terceros, ya que aquí lo que realmente vale e importa, no es qué tan bien puedes leer una partitura o qué tan bien conoces la técnica, sino qué puedes decirnos tú a través de los diferentes estilos flamencos, en cosas compuestas por ti.

Respondiendo una interesante pregunta de Manena Rosas, diré que efectivamente en la juerga familiar, en la fiesta, en el tablao –y también en el escenario de concierto- se dan voces de aliento, como sucede en nuestra cueca. El punto es que sólo las puede dar con acierto, un flamenco; nunca uno que no lo sea, pues es preciso saber de manera exacta en qué instante preciso puedes darla o no. Hacerlo en el momento inoportuno puede resultar para nosotros, los flamencos, algo tan molesto y desagradable como una mosca en un vaso de leche y para que eso no suceda, debes conocer cabalmente el estilo que se está haciendo en ese momento, su patrón rítmico, los cortes y los remates. Al acto de dar esas voces de aliento, en nuestro argot se le denomina “jalear”.
Lo mismo sucede con las palmas. Tocar bien las palmas (y no “aplaudir” como suele decir la gente), es un arte tan complejo que hoy existen en Andalucía “palmeros” expertos que pasan a integrar la compañía de un artista o participan en un disco haciendo única y exclusivamente eso. Si cuando estamos en el rito flamenco alguien nos da palmas desacertadamente y fuera de compás porque no lo conoce, es tal la molestia que nos provoca, que preferimos parar el asunto, ahí, llenar una copa y hablar de otra cosa. O sea, “si no sabe, no se meta.”

He querido contarles un poco sobre la música flamenca teniendo como objetivo decirles que no es tan simple como parece, no es tan trivial, que se puede escribir (digo, por si alguien sigue con la cantinela), que es muy compleja y que no tienen que tratar de entenderla: sólo abandónense a lo que sus sentidos les diga cuando la escuchen. No traten de analizarla con patrones académicos porque no van a lograr mucho. Sólo siéntanla. Sólo revisen qué les pasa cuando la escuchan. Todo lo demás es para los tecnócratas que ni la entienden, ni la hacen, ni la sienten, porque tal vez prefieren que también alguien les escriba lo que hay que sentir…

Y de Camarón hablaremos cuando ustedes quieran, lo mismo que de Paco de Lucía, aunque a éste –como dicen los españoles- “hay que echarle de comer aparte”.



Carlos Ledermann



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Si alguien desea conocer antecedentes de la trayectoria artística de Carlos Ledermann, en Internet existen los siguientes sitios:

www.cale.cl página web oficial

www.myspace.com/carlosledermann aquí hay 5 temas de sus dos últimos discos, que pueden bajarse.

http://caledermann.blogspot.com artículos relativos al arte flamenco

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